«La construcción de la paz comienza en ti»
Bajo la premisa del Papa Francisco inspirado en «ir contracorriente» y ser constructores de paz, se llevó a cabo el encuentro Constructores de Paz Juvenil, el pasado 22 de noviembre de 2025 en el Colegio San Ignacio de Fe y Alegría, municipio San Francisco, estado Zulia. Esta jornada demostró que la juventud es el motor del cambio social cuando se le brinda protagonismo en la creación de una cultura de autoconocimiento, autocuidado y fraternidad.
Más allá de las carencias materiales, existe un desgaste interno en la juventud que suele pasar desapercibido; se manifiesta en una carga emocional silenciosa que condiciona su desarrollo integral. Los jóvenes de hoy crecen en entornos de profunda incertidumbre, lo que suele derivar en una actitud ensimismada y hermética. Este repliegue sobre sí mismos es, en muchos casos, un mecanismo de defensa ante un mundo que les exige respuestas para las que aún no están preparados. En el caso de los jóvenes venezolanos, este desgaste se manifiesta en el estrés de no saber qué pasará mañana, en el duelo de las despedidas de los amigos y familiares o en la presión de tener que ser «adultos» antes de tiempo, ya que deben dedicarse a trabajar tempranamente para poder sobrevivir.
El tema central del encuentro fue la salud mental, convocando a más de 90 jóvenes de diversas instituciones de inspiración cristiana a trabajar en el cultivo de su paz interior como base de la paz externa. A través de herramientas de gestión emocional y resiliencia, se reforzó el mensaje de que ser constructor de paz requiere fortalecer el interior para afrontar los desafíos con esperanza. Esta iniciativa, nacida de la Red de Acción Social de la Iglesia (RASI) y liderada por el Centro Gumilla, contó con el respaldo de la Red Apostólica Ignaciana del Zulia (RAIZ) y diversas obras educativas, como los Programas de Fe y Alegría, Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC), Escuelas Arquidiocesanas, Pastoral Juvenil Arquidiocesana, entre otras.
Sinergia institucional: la metodología detrás del encuentro
El éxito del evento fue resultado del trabajo colaborativo de organizaciones como el Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín, el Instituto Universitario San Francisco (USF), Coordinación de Vocaciones Jesuitas, Colegio Gonzaga, Obras Misioneras Pontificias y el Centro Gumilla, quienes contaron con el apoyo técnico de la Fundación Rehabilitarte para el abordaje de la salud mental. La planificación se estructuró en comisiones especializadas que definieron responsabilidades claras para cada aspecto de la jornada:
- Comisión metodológica: diseñó la ruta de aprendizaje y las guías didácticas, organizando las dinámicas y materiales de cada estación de trabajo.
- Comisión dinamizadora: liderada por docentes del Colegio Gonzaga, mantuvo el entusiasmo y la energía mediante actividades «rompehielos», además de coordinar la oración inicial y el cierre cultural. Actuó como el puente emocional para asegurar la participación de los asistentes.
- Comunicaciones: se encargó de la promoción previa, el registro fotográfico durante el evento y la redacción de artículos posteriores para difundir la experiencia en medios como Radio Fe y Alegría, y la Revista SIC. También garantizó la asistencia mediante el seguimiento directo a las instituciones participantes.
- Procesos administrativos: formuló la estructura de costos y gestionó la logística detallada, incluyendo menús e hidratación. Destacó el apoyo económico del Padre Gabriel Sequera (Rector del Colegio Gonzaga) y la labor del personal del Colegio San Ignacio en la preparación de alimentos y mantenimiento de las instalaciones en óptimas condiciones.
Coordinación general: bajo la conducción de la Profesora María Parra, coordinadora regional del Centro Gumilla Zulia, esta comisión contó con el respaldo de la Red Apostólica Ignaciana del Zulia y la Oficina Nacional de la Fundación para asegurar la realización del encuentro. Su papel fue determinante para el éxito del encuentro, actuando como el hilo conductor entre los objetivos estratégicos y la ejecución operativa. Con una visión clara sobre los contenidos, la metodología y el propósito de cada estación, mantuvo la motivación en todas las instituciones, realizando seguimiento cercano y dinámico, utilizando distintos canales de comunicación para acompañar a cada comisión y organización en tiempo real.
Oración inicial: ponernos en manos de Dios, la fuerza que nos viene de su Espíritu
El encuentro inició con una vibrante atmósfera de entusiasmo, impulsada por las dinámicas de integración dirigido por los profesores Isabel Guerrero y Luis Rincón, profesores del Colegio Gonzaga. Estas actividades preliminares fueron fundamentales no solo para romper el hielo, sino para crear la disposición necesaria para un momento de interioridad profunda. El centro de esta espiritualidad fue la búsqueda del propósito de vida, planteando a los jóvenes la pregunta crucial: «¿Quién soy yo?». Este ejercicio permitió que cada participante explorara sus propias limitaciones, pero, sobre todo, descubriera el inmenso potencial que posee como ser humano y constructor de paz. Se buscó fortalecer el espíritu de los participantes, elevando su autoestima, el autocuidado para gestionar positivamente sus emociones y encontrar un propósito de vida.
En esta fase, se presentó una reflexión sobre la realidad del adolescente en el mundo globalizado actual. A pesar de reconocer desafíos como la crisis de valores y la incertidumbre, el mensaje se mantuvo siempre inspirador. Se utilizaron testimonios de jóvenes destacados en diversas áreas como el deporte, la ciencia, la tecnología y la música, con el fin de motivar a los asistentes a identificar sus propios talentos. Estos talentos se presentaron como los cimientos sobre los cuales cada joven debe edificar un proyecto de vida sólido y con sentido.
El bloque concluyó con la intervención del Profesor Augusto Villalobos, en representación de las Obras Misioneras Pontificias, quien guió la oración de inicio. Su mensaje fue un recordatorio del agradecimiento por el don de la vida y la libertad de elección. Exhortó a los participantes a vivir con autenticidad, recordándoles que la verdadera felicidad se alcanza al ponerse en manos de Dios. Su llamado final fue a caminar juntos en la búsqueda de la verdad, viviendo hermanados y, por encima de todo, amando sin medida como base para el trabajo por la paz.
Salud mental: un tema urgente de abordar en la juventud
El eje central y motor de este encuentro fue la salud mental, un tema que se ha vuelto una prioridad impostergable en Venezuela. El objetivo fue doble: por un lado, generar una conciencia profunda sobre el bienestar personal y, por otro, ofrecer herramientas prácticas de autocuidado y prevención. El enfoque buscó ser asertivo en el manejo de las emociones, intentando desmitificar la salud mental. Se trabajó arduamente para romper el estigma que la limita exclusivamente a la enfermedad o patología, promoviendo en su lugar una visión de educación integral donde el equilibrio emocional es la base fundamental para una vida plena y productiva.
Ciencia y Sabiduría: ponencia del Dr. Rey Alejandro Valera
La jornada formativa inició con la ponencia del Dr. Rey Alejandro Valera, médico psiquiatra especialista en trastornos afectivos y neurodegenerativos. En su intervención, el Dr. Valera definió la psiquiatría como la disciplina que vela por la salud del cerebro y, en consecuencia, de la mente, entendiendo a esta última como la función vital de dicho órgano. El doctor enfatizó la importancia de unir la ciencia con la sabiduría, alentando a los estudiantes a ver el estudio y la lectura como medios esenciales para resolver los conflictos de la vida cotidiana.
Un aspecto distintivo de su ponencia fue el vínculo entre el conocimiento científico y la espiritualidad bíblica. Citando el Libro de Santiago, recordó que todo don bueno desciende de Dios, subrayando que la atención espiritual es un factor determinante en la calidad de vida. Propuso una visión teológica donde la naturaleza humana, afectada desde su origen, puede presentar alteraciones biológicas en el cerebro. Así, el ser humano debe ser comprendido como un ser integral: biológico, psicológico y, fundamentalmente, espiritual.
Para profundizar en la complejidad de la mente, el Dr. Valera expuso cuatro perspectivas clave:
- Científica: la mente como producto de impulsos eléctricos y neurotransmisores entre neuronas.
- Psicológica: el conjunto de procesos conscientes e inconscientes que forman la personalidad.
- Filosófica: el dilema entre la distinción y relación del cuerpo y la mente.
- Espiritual: la conexión de la mente con la conciencia y el alma.
La analogía del piloto: el mando de nuestra vida
Para facilitar la comprensión de la responsabilidad individual, el Dr. Valera utilizó la «analogía del piloto». Comparó al ser humano con una aeronave donde el cuerpo es la estructura física y el cerebro es el complejo sistema de navegación. En este escenario, la mente es el piloto. Se recalcó que la seguridad de los «pasajeros» (nuestras metas, familia y propósito) depende totalmente de que el piloto esté sano, descansado y preparado. Si la mente falla, el avión corre el riesgo de caer, independientemente de qué tan fuerte sea su estructura física.
Destacó que poseemos una «galaxia interna» con más de 100 mil millones de neuronas. La salud mental se definió entonces como ese estado de bienestar que nos permite gestionar el estrés y contribuir a la comunidad, en concordancia con la inteligencia emocional. El doctor insistió en que la salud mental no depende de tenerlo todo materialmente, sino de conquistar un equilibrio interior que nos permita estar en paz con nosotros mismos y con los demás.
Comprendiendo la depresión: más allá de la tristeza
Para concluir, el Dr. Valera abordó la depresión no como una simple tristeza, sino como un trastorno complejo que impide a la persona «levantarse» emocionalmente. Explicó el concepto de anhedonia (pérdida de interés en lo placentero) y enumeró señales críticas: irritabilidad, alteraciones del sueño, sentimientos de culpa excesiva y, lo más grave, pensamientos de muerte. Explicó que este cuadro tiene una base biológica real: el desequilibrio de la serotonina, dopamina y noradrenalina. Por ello, hizo un llamado a buscar ayuda profesional siempre que estos síntomas persistan por más de dos semanas, tratando la salud mental con la seriedad que merece.
El Dr. Valera humanizó la práctica clínica al definir la psicología como el estudio del alma y la psiquiatría como el médico de la misma. Cerró con el proverbio: «Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es la fuente de la vida», instando a los jóvenes a alejarse de vicios como las drogas o la pornografía y abrazar hábitos saludables como la oración frente al Santísimo y el servicio al prójimo.
Payasos humanitarios: el arte de acompañar desde la escucha y el respeto
La jornada transitó de la reflexión clínica a la calidez del encuentro humano con la intervención de Luis Méndez, coordinador de la Fundación Payasos Humanitarios. En un contexto donde la juventud suele ser bombardeada por estímulos superficiales, Méndez rescató una verdad fundamental: el servicio desinteresado es, en esencia, un acto de atención a la salud emocional.
Su planteamiento desafió los prejuicios comunes sobre el «payaso». Lejos de la caricatura del entretenimiento vacío, la misión de esta organización se define como un «arte de acompañar». Méndez fue enfático al señalar que el núcleo de su labor es la escucha activa, especialmente dirigida a quienes habitan las periferias de la soledad, como los ancianos en geriátricos o los pacientes en salas hospitalarias. «No se trata de payasadas, se trata de conversar», afirmó, situando el juego no como un fin, sino como la herramienta final de un proceso que se fundamenta en el reconocimiento del otro. Bajo el lente de la psicología positiva, el ponente recordó a los jóvenes que la empatía es una barrera contra la desesperanza; advirtió que la burla puede ser el detonante de crisis profundas en quienes libran batallas invisibles, mientras que un gesto tan sencillo como un abrazo o una palabra de aliento puede sostener una vida en vilo.
La ruta de aprendizaje: un itinerario hacia la paz interior
Tras las ponencias, el encuentro se transformó en un laboratorio de vivencias a través del «Itinerario de la Paz». Bajo una metodología de rally formativo, los estudiantes recorrieron cinco estaciones donde la RASI Zulia (Red de Acción Social de la Iglesia) materializó los conceptos de bienestar, autocuido y resiliencia en experiencias tangibles.
Primera estación: mi reflejo y bienestar (AVEC)
El recorrido comenzó con el reto del autoconcepto, de la mano de AVEC. En este espacio, los jóvenes se enfrentaron a la pregunta ontológica: ¿Quién soy?, pregunta que da sentido al autoconcepto. En este espacio se subrayó que un bienestar subjetivo real nace de la coherencia entre lo que se piensa, se siente y se actúa. A través de las dinámicas frente al espejo y el «mural de la fortaleza», los estudiantes reafirmaron su identidad y valor personal, comprendiendo que el equilibrio depende de la capacidad de valorarse a sí mismos y canalizar las emociones con sabiduría.
Segunda estación: identidad y valores (Fe y Alegría)
Esta búsqueda de identidad continuó en la estación guiada por Fe y Alegría, donde los valores fueron presentados como la brújula interna necesaria para navegar en tiempos de incertidumbre, recordándoles que su identidad no es un dato estático, sino una construcción colectiva alimentada por sus creencias y vínculos sociales. Se guió a los jóvenes en la exploración de su identidad a través de sus valores fundamentales y aquellos que prevalecen en sus familias pese a las dificultades. Seguidamente construyeron una «mesa de valores», exponiendo cómo estos rasgos de personalidad y creencias moldean su lugar en el mundo.
Tercera estación: el universo de mis emociones (Cáritas Maracaibo)
La dimensión emocional fue abordada por Cáritas Maracaibo a través del concepto de «granularidad emocional». En un mundo que simplifica el sentir, se enseñó a los jóvenes la importancia de nombrar con precisión sus estados internos —distinguir la ansiedad de la frustración o la tristeza— como paso previo a cualquier intento de regulación. Se explicó que la palabra emoción proviene del latín emovere (mover), subrayando que estas nos preparan para actuar. Mediante ejercicios prácticos, los jóvenes representaron sus respuestas ante el estrés, descubriendo alternativas saludables de afrontamiento.
Cuarta estación: entrenando mi Atención (JRS)
Esta introspección se complementó con la técnica de la atención plena, facilitada por el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS). La atención focalizada es una habilidad entrenable que crea un espacio para la toma de decisiones consciente. Se enseñó que entrenar la mente ayuda a crear distancia entre los impulsos y las acciones, evitando reacciones automáticas. Los estudiantes practicaron «atención enfocada» durante tres minutos y diseñaron planes concretos para gestionar escenarios de presión común, siendo la respiración esencial como ejercicio de quietud para focalizar la atención, permitiéndoles crear un espacio de libertad entre el impulso y la acción, fundamental para evitar las respuestas automáticas que suelen dictar el estrés y la presión del entorno.
Quinta estación: mi red de apoyo y la no estigmatización de la salud mental (Fratelli Tutti)
La última parada enfatizó que el bienestar rara vez se alcanza en soledad. Se definieron cuatro pilares del apoyo: emocional (escucha sin juicios), instrumental (herramientas para conflictos), informativo (insumos para decidir) y de pertenencia (comunidad).
Un punto crucial fue el abordaje de los estigmas sobre la salud mental. Se desmitificó la idea de que el psiquiatra es «solo para locos» o que la depresión es «falta de voluntad», explicando que son indicadores clínicos que requieren profesionalismo. Con una sensibilidad especial, se abordó el tema del suicidio, aclarando que quien lo intenta no busca morir, sino terminar con un dolor insoportable. Comprender que el deseo «dejar de sufrir» es la clave para un acompañamiento efectivo. La estación cerró con la dinámica del «Árbol de Apoyos», donde cada participante simbolizó a las personas y actividades que sostienen su vida frente a la fragilidad emocional.
“La construcción de paz comienza en cada uno de nosotros. Si nosotros estamos bien, nuestras relaciones también estarán bien y seguramente vamos a poder erradicar la violencia y crear un nuevo modo de relacionarnos. Por eso celebro estos encuentros y a todas las organizaciones participantes”, puntualizó María Parra, Coordinadora Regional Centro Gumilla.
Más que un ejercicio logístico, el rally reforzó valores de disciplina y respeto mutuo. En cada parada, los grupos recibían una pieza de un rompecabezas que, al final, revelaba una frase inspiradora. Este símbolo sirvió de base para una pregunta fundamental: ¿Qué acciones impulsar en la familia, el colegio y la comunidad para garantizar la salud mental? Las respuestas, presentadas en plenaria, no quedaron en meras ideas, sino que se transformaron en compromisos formales de los jóvenes para convertirse en multiplicadores de bienestar en sus propios entornos.
Propuestas de los jóvenes: el compromiso de cuidar la vida
El «Itinerario de la Paz» no fue un ejercicio teórico, sino un catalizador de compromisos concretos. Al finalizar el rally, los participantes tradujeron sus vivencias en planes de acción para sus tres entornos vitales:
«Hay que cuidarse a sí mismo para ser una mejor persona con el mundo», expresó uno de los estudiantes, subrayando que la salud mental es la «mejor amiga» que nos acompaña en cada etapa de la vida”.
- En la familia: los jóvenes identificaron el hogar como el primer santuario del cuidado. Propusieron rescatar hábitos sencillos pero potentes: el tiempo de calidad, la escucha mutua, la lectura compartida y, sobre todo, el permiso para el descanso y el autocuidado.
“Somos esperanza, ha sido una bonita experiencia recorrida, fructífera, momentos de muchas emociones, gratificaciones, todo lo aprendido nos ha enseñado que la salud mental es una parte importante para el ser humano, porque hay que cuidar tanto el cuerpo como nuestra mente. Es la mejor amiga, la que nos acompaña todos los días y en todas las etapas de la vida. Es por eso por lo que Constructores de Paz nos ayuda a mejorar cada día. Hay que aprender a valorarnos, a querernos, ya que tienes que cuidarte a ti mismo para después cuidar a los demás… ser una mejor persona y con el mundo. Gracias al Colegio de Fe y Alegría y a todos los colegios que han participado”, expresó un estudiante.
- En el colegio: la escuela fue vista como un espacio de convivencia y protección. Las propuestas se centraron en fomentar deportes, establecer rutinas saludables de sueño y alimentación, y generar espacios donde «hablar sobre lo que nos pasa» sea parte de la dinámica escolar normalizada, promoviendo la convivencia escolar, además de establecer rutinas, pasar tiempo de calidad, conversar y compartir actividades recreativas juveniles, visitar los parques y practicar ejercicios de relajación.
«A veces vemos a una persona mal y no le damos el apoyo que merece», reflexionó una joven, marcando la urgencia de una mirada más compasiva hacia el prójimo.
- En la comunidad: el llamado fue hacia la solidaridad organizada. Se planteó la necesidad de capacitar a las comunidades para ofrecer redes de apoyo, realizar campañas informativas sobre regulación emocional y autoestima, y participar activamente en grupos que promuevan la paz, transformando los parques y plazas en territorios de encuentro sanador.
El ánimo como motor: el mensaje de Antonio Pérez Esclarín
Tras el almuerzo compartido —un signo de fraternidad preparado por las madres procesadoras del Colegio San Ignacio—, la jornada recibió el impulso final con el mensaje de Antonio Pérez Esclarín. Con su habitual lucidez, instó a los jóvenes a proteger su alegría y entusiasmo como el motor principal para transformar la realidad venezolana.
Basándose en la espiritualidad ignaciana, Esclarín les invitó a trazar metas claras y a cultivar un propósito de vida fundamentado en «amar y servir». Frente a las distracciones superficiales que desgastan la paz interior, propuso la figura de Jesús de Nazaret como guía de firmeza espiritual. Para el educador, seguir los pasos de Jesús no es una abstracción, sino una práctica cotidiana para mantener una mente sana y resistente ante las presiones del entorno, trabajando por un mundo más justo desde la paz interior.
Un cierre festivo y un compromiso que trasciende
Para poner el broche de oro a esta experiencia, el ambiente se transformó en una verdadera fiesta, gracias al conjunto musical Pachanga, que puso a todos a bailar. Los ritmos bailables invitaron a los jóvenes a celebrar la vida, recordándonos que la paz también se construye compartiendo la alegría y disfrutando del encuentro con los otros. Fue el cierre ideal para una jornada llena de muchos aprendizajes y experiencias, donde la reflexión y el disfrute se unieron, dejando en todos la satisfacción de haber vivido un encuentro lleno de sentido y esperanza. Sin embargo, el encuentro no terminó allí; se convirtió en un compromiso ineludible para la RASI Zulia.
La evaluación final confirmó que la temática fue oportuna y profundamente significativa. Los jóvenes se sintieron escuchados y valorados, lo que generó un impacto emocional positivo que redujo las tensiones acumuladas por la crisis. No obstante, surge la recomendación de ampliar estos espacios, garantizando que más jóvenes puedan acceder a esta formación y que lo aprendido se replique periódicamente en cada escuela, familia y comunidad.
Desde el Secretariado de Misiones de la Arquidiócesis de Maracaibo, AVEC, Fe y Alegría, el Movimiento Juvenil Huellas y el Centro Gumilla, se celebra esta sinergia institucional. Es el testimonio de una «Iglesia en salida» que no teme abordar la fragilidad emocional, entendiendo que formar agentes multiplicadores de esperanza es la vía más segura para que la juventud zuliana encuentre su propia paz y construya un futuro saludable. En la RASI, escuchar para transformar no es solo un lema; es un modo de ser Iglesia en medio del mundo.
Por Rux Aular
Coordinadora comunitaria