Revista SIC

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 La Revista SIC, publicación del Centro Gumilla de la Compañía de Jesús tiene 70 años de continua dedicación al análisis económico, social, político y cultural de la vida venezolana. Sus más de 700 números puntualmente editados han llegado a nuestros lectores y amigos sirviendo de estímulo para la reflexión sobre el acontecer nacional desde la perspectiva de los más excluidos. Se publican 10 números cada año.




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Es una dictadura

  Las decisiones asumidas por el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional de fecha 28 y 29 de marzo del presente año (Sentencias 155 y 156) suponen un claro golpe de Estado y un desenmascaramiento definitivo del gobierno como una dictadura. La revista SIC y el Centro Gumilla fieles a su condición de instancias defensoras de la democracia como sistema de convivencia de los venezolanos y como sistema que, con sus defectos (muchas veces señalados por nosotros), es garantía de la protección de los derechos humanos, nos oponemos como ciudadanos a este abuso por parte de un grupo de militares y civiles que, con la única intención de proteger sus intereses particulares y ambición de poder, han sometido a toda la sociedad venezolana.

Hemos venido señalando en diversos editoriales el proceso de degradación del actual gobierno y de la política en general en Venezuela. Las situaciones de hambre, represión, falta de atención e insumos médicos básicos, que hemos definido como crisis humanitaria en un país en el cual tales circunstancias resultan inexplicables en el fondo pueden ser leídas como una política expresa de sometimiento de la población, cuyo objeto fue y es evitar el levantamiento popular frente a un auto golpe.

En nuestro país no hay “estado”

  En Venezuela no hay Estado de derecho porque ni siquiera hay “estado”. No solo en el sentido de que no funcionan los órganos de administración de la cosa pública, sino en el más elemental que denota el verbo estar. No hay estado porque no hay reglas fijas, porque nada es previsible, porque nada permanece, porque nunca se sabe lo que va a pasar. No se sabe si un policía te va a proteger o te va a asaltar o es cómplice de los asaltantes; no se sabe cuánto va a costar hoy lo mismo que se compró la semana pasada; no se sabe si un funcionario te va a atender o no te va a atender o te va a extorsionar; no se sabe si el pasajero que va a tu lado en el bus o la buseta es un pasajero como tú o es un asaltante; no se sabe si hay medicinas o implementos médicos y, si los hay, no se sabe si te va a alcanzar endeudándote o si ni siquiera así te llega para comprarlos; no se sabe si el lugar donde trabajas va a seguir trabajando o se va a cerrar o van a disminuir drásticamente la plantilla; más elementalmente no se sabe si va a haber comida; no se sabe si te van a secuestrar o si te van a matar en un asalto o con una bala perdida; no se sabe si tus hijos van a seguir en el país o te vas a quedar solo…
 

Año Trágico

 Los jesuitas hemos catalogado 2016 de “tragedia nacional”. Este año han confluido explosivamente todas las dinámicas de deterioro económico, político, social, cultural, haciendo más dramática la crisis sistémica que afecta a la mayoría de los venezolanos. Según Datanalisis el 95 % de la población considera que la situación está entre muy mala y mala. El desabastecimiento y la inflación aparecen como los problemas más sentidos por la población, incluso por encima de la inseguridad y la violencia que rayan en lo patológico. Como indicador, según Fedenaga Barinas, “el consumo anual de carne cayó de 23 kg por persona a apenas 7 kg”.

Lo más cruel e indignante ha sido el hecho de confirmar definitivamente que a este Gobierno no le importa la gente; solo le interesa el poder cosificado. Según los voceros oficiales el hambre del pueblo no es real, sino una sensación introyectada por los enemigos del pueblo y la guerra económica. 

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