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20/07/2012 Desafíos políticos en la Venezuela de hoy El rector de la Universidad Católica del Táchira advierte que disolver los límites entre lo militar y lo civil es socavar la democracia. Sosa se pregunta: ¿Ha madurado la cultura política democrática? Etiquetas:venezuelapolíticaeleccionesarturo sosadesafíos
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La democracia después de las elecciones es el mayor desafío de la sociedad venezolana: ¿serán estas elecciones una ocasión de fortalecimiento de la legitimidad democrática o se corre el riesgo de atentar contra ella con la puesta en marcha de planes, B, C o Z?
 
Arturo Sosa A. *
Revista SIC 746
 
http://gumilla.org/sic746¿Ha madurado suficientemente la cultura política democrática para minimizar los riesgos de salidas extra-constitucionales?
 
Responder a ese desafío supone la garantía de que ningún resultado electoral traerá como consecuencia la aniquilación del vencido. La democracia es una forma política que destierra la guerra como modo de dirimir los conflictos sociales. La pluralidad, como característica del entorno político democrático, hace posible los cambios en la correlación de fuerzas, la toma de decisiones por mayoría y el respeto al espacio de las minorías políticas.
 
El escenario de la reelección de Chávez pone a prueba la democracia en varios sentidos.
 
  •        Si se interpreta como ocasión de aumentar la identificación del líder con el Gobierno, el Estado y la patria, aumentando el personalismo y la subordinación de las instituciones a su voluntad, confirmada como la voluntad del pueblo, la sociedad venezolana se aleja del camino de una legitimidad democrática.
  •        Por esa vía se llega al personalismo dictatorial que impone su propia visión   asfixiando los espacios para la expresión de otras.
  •        La prolongación de Chávez en la presidencia manteniendo una sintonía afectiva con la población, la distribución de la renta como estrategia de consolidación de su liderazgo y el apoyo de la Fuerza Armada podría generar un tipo de legitimidad distinta a la democrática que consolide su estabilidad.
 
Si el triunfo es de un candidato de la revolución bolivariana distinto a Hugo Chávez Frías, se puede vislumbrar una situación de mayor represión en sustitución del liderazgo que permite las características y carisma personal de Chávez.
 
El escenario de una derrota de Chávez coloca al chavismo en la posición de intentar mantener el poder aún perdiendo las elecciones.
 
  •        En una concepción democrática que contempla la alternabilidad en el ejercicio del gobierno, perder las elecciones significa un importante cambio en la correlación de fuerzas pero no la pérdida total del poder.
  •        En este caso, además, el chavismo conserva la mayoría en la Asamblea Nacional y la fuerza de las políticas públicas puestas en marcha durante un largo período en el ejercicio delGobierno, además de las organizaciones que lo apoyan como el PSUV, el Polo Patriótico, centrales sindicales, grupos campesinos, militares activos y retirados, entre otras.
  •        Ese poder puede usarse democráticamente, es decir, dentro de la aceptación de las reglas de juego consagradas en la Constitución y las leyes que especifican las atribuciones de las instituciones, cargos y funcionarios del Estado, o puede usarse como artificio para seguir gobernando sin ser gobierno elegido por la mayoría de los votos.
 
Es importante hacer una pregunta más de fondo: ¿la concepción de ciudadanía incorporada a la identidad venezolana es una ciudadanía democrática? ¿A qué concepción de democracia? La palabra democracia, usada profusa y variadamente en el lenguaje político venezolano desde la emancipación hasta nuestros días, ha tenido significados que admiten desde el cesarismo democrático hasta la democracia protagónica.

Indagar si se ha incorporado y con qué significado la democracia a la identidad popular venezolana tiene serias implicaciones sobre el rumbo futuro de la sociedad venezolana, y claramente en la coyuntura de las elecciones 2012-2013.
 
1.         En el complejo proceso adelantado por las organizaciones políticas en busca de una alternativa al chavismo que ha llevado a la creación de la Mesa de la Unidad Democrática es importante tomar conciencia de que unidad no es uniformidad, por tanto la plataforma política que se va tejiendo como unidad democrática presupone y exige la diversidad, el pluralismo, así como la capacidad de alcanzar consensos para establecer los mecanismos para diseñar objetivos comunes compartidos. El proceso mismo y la organización que resulte son una muestra de la calidad y características del modelo de país que se propone.
 
Hasta ahora el proceso de la MUD ha logrado poner a docenas de organizaciones en sintonía con un horizonte común de visión y modelo de país. Los acuerdos para convocar las elecciones primarias, elegir el candidato presidencial y los candidatos regionales y locales, la tarjeta unitaria (única), junto a propuestas de gobierno en áreas prioritarias, son pasos en un camino difícil.
 
Si bien la estrategia de la MUD está focalizada en las elecciones 2012-2013, construir una corriente política alternativa requiere trascender lo electoral e ir fortaleciendo la capacidad de afrontar la esfera de lo público en su conjunto. La verdadera prueba del tejido político unitario será después de las elecciones y en cualquiera de sus resultados. En el caso de no alcanzar la presidencia de la República supone una estrategia de preservación y aumento de los espacios democráticos resistiendo la posibilidad de legitimar un sistema no ajustado a la democracia. Si alcanza la presidencia necesita un claro programa de gobierno sostenido sólidamente por la alianza constituida para realizarlo en una correlación de fuerzas pareja[1].
 
2.         Se hacen muchos comentarios sobre los movimientos al interior del chavismo, especialmente a partir de la enfermedad de HCF. Más allá de los acomodos del liderazgo dentro del Gobierno, el PSUV o el Polo Patriótico, hay que señalar la importancia de lo que significa la propuesta chavista. El rumbo prevaleciente privilegia la centralidad de la figura del líder sobre cualquier otra consideración. Si bien así se garantiza un constante apoyo popular derivado de la actuación del líder y los reflejos de la cultura política rentista, en el mediano plazo tiene que enfrentar el debate de las ideas que pueden sostener una propuesta socialista en la nueva cultura emergente o convertirse en una dictadura pura y simple apoyada en la Fuerza Armada y los recursos del Estado.
 
El debate sobre lo que es hoy la izquierda política y lo que puede ser la herencia de las ideas socialistas y comunistas como su expresión más acabada en el siglo XX recorre todos continentes. El discurso oficial del chavismo, y su líder, ha hecho caso omiso de este debate; utiliza el lenguaje de la izquierda socialista y comunista de la década de los sesenta y setenta como si no hubiera pasado nada en esas esferas desde entonces. Solo algunos intelectuales de tradición izquierdista[2] se atreven a postular la necesidad de cuestionar esa tradición de pensamiento y preguntarse si tiene algún sentido la izquierda en el mundo postmoderno, reconociendo que el socialismo es corresponsable de los avances y de los límites de la época moderna y será superado, de una manera u otra, con la emergencia de la nueva época y la profunda transformación cultural que ella supone.
 
A la larga es imposible prescindir de las sensibilidades propias de la cultura postmoderna, de la sociedad del conocimiento, y tomar en cuenta la necesidad de re-pensar conceptos básicos de la política en los que el chavismo sostiene su discurso, tales como pueblo, patria, soberanía, ciudadanía, participación, igualdad, democracia, libertad, derechos humanos.
 
Hacer caso omiso del complejo esfuerzo intelectual que supone generar un pensamiento político renovado de la izquierda, hasta el momento apenas iniciado e inconcluso[3], impulsa la tendencia al simplismo político de asociar la acción revolucionaria al mero ejercicio del poder que da el gobierno del Estado y sus aparatos, y las formas de adquirirlo, conservarlo y aumentarlo, echando mano de los personalismos reproductores de experiencias primitivas que apenas distinguen el campo de la política del de la guerra.
 
Quizás sea esta una de las razones que explican las dificultades que ha tenido la conformación del Polo Patriótico, y terminar de constituir el mismo PSUV como un partido con teoría y práctica revolucionaria, más allá de ser una maquinaria electoral o una agencia de distribución de beneficios. Una alianza política que tenga como premisa solo el apoyo indiscutible al líder y no propicie el espacio para la discusión de las ideas que sostienen el proyecto, la estrategia y decisiones cotidianas que de ellas se derivan, terminará siendo una agrupación pragmática, sostenida solo por la posibilidad de estar en el poder y aprovechar sus beneficios. Quizás también esto explique la intolerancia con la disidencia ideológica interna y los mecanismos para ahogarla.
 
3.         En este contexto cobra singular importancia la cuestión militar porque se pone nuevamente sobre el tapete la tensión civilismo-militarismo que cruza la historia política venezolana. El desarrollo del régimen político que ha encabezado HCF se ha ido apoyando cada vez más en el polo militarista de la referida tensión. No se trata solamente de la proveniencia militar del Presidente y numerosos funcionarios del Gobierno, sino de los importantes cambios en el papel político de la institución armada que Chávez ha venido impulsando sistemáticamente a lo largo de sus años en la presidencia de la República.
 
El difícil proceso de contar con unas fuerzas armadas eficientes en su papel específico y claramente subordinadas al poder civil no solo se ha interrumpido sino que se han establecido otras bases que llevan a concebir la Fuerza Armada como co-protagonista de un régimen que se apellida cívico-militar. La Fuerza Armada se configura, entonces, bajo una concepción en la que se la considera parte del sujeto político y no una institución especializada en la defensa territorial.
 
La legislación militar ha sufrido importantes cambios para adaptar su organización a la nueva doctrina militar en coherencia con el rol que se le asigna en el régimen actual que amplía lo que el pensamiento democrático propone. No es posible en estas notas detallar la mencionada doctrina militar ni los cambios legales, simbólicos, organizativos y operativos que se han dado en la Fuerza Armada, solo se pretende llamar la atención sobre la importancia de esta dimensión en lo que ha sido el proceso de los últimos años y su relación con la búsqueda de una legitimidad democrática.
 
En este punto, el chavismo se aleja del camino de constituir una nueva legitimidad democrática. La democracia es una actitud política, un modo de tomar decisiones y un régimen intrínseca y exclusivamente civil. En una sociedad democrática la cuestión militar tiene unos límites precisos, relacionados solo a la necesidad de defensa profesional del territorio, subordinada a las decisiones políticas tomadas por la población civil y claramente diferencia de la función policial o de orden público interno que corresponde a cuerpos que ejercen la legítima coerción dentro del marco de leyes civiles. Disolver los límites entre lo militar y lo civil es socavar las bases de la democracia. El personalismo militar es el mayor obstáculo al modo democrático de hacer política, incluso si se hace en su nombre.

4.         Es así como cobra nueva vigencia una acuciante pregunta sobre el proceso venezolano ¿Es a través del voto que puede superarse una propuesta cívico-militar que se propone instaurar un modelo socialista? ¿Hay algún otro camino a través del cual ampliar y profundizar el proceso hacia la obtención de una nueva legitimidad democrática? Desde la década de los años treinta del siglo XX se instauró en la cultura política venezolana la convicción (¿ilusión?) del poder purificador del voto. A través del voto –se ha pensado y parcialmente vivido– es posible conjurar la tentación personalista, ponerle diques a la corrupción, abrir espacios a la participación popular, favorecer la alternabilidad de los gobiernos, etcétera.
 
La eficacia del voto como instrumento de política democrática está directamente vinculada a la confianza en el sistema electoral, en la institución electoral y las personas que lo representan. Sobre este punto hemos conocido los vaivenes experimentados en los últimos años.
 
5.         En todo caso, la situación internacional, tanto económica como política, tiene una importante incidencia. Una economía rentista como la venezolana puede sufrir impactos difíciles de predecir en un momento crítico de la  economía mundial. El creciente peso del Estado en la economía venezolana puede hacerlo aún más vulnerable. ¿Hasta dónde alcanza la cobija rentista para sostener la economía –y la política– venezolana?
 
La pérdida de legitimidad del Sistema de Partidos Políticos y Conciliación de Élites ha puesto de manifiesto antiguas heridas sociales y la búsqueda de una nueva legitimidad ha abierto nuevas heridas sociales y personales.

En una sociedad con heridas tan diversas y profundas la desconfianza entre las personas crece y, a la par, los miedos de no ser reconocidos como seres humanos, como ciudadanos, como parte del pueblo. De la polarización creciente se va pasando a un sectarismo excluyente. Son heridas cuya curación no es sencilla ni rápida. Contribuir a sanar tantas heridas es una dimensión primaria del trabajo que nos corresponde y no puede esperar ni dejar de vislumbrar sus implicaciones en todos y cada uno de los escenarios planteados.
 
* Rector de la Universidad Católica del Táchira.
 

[1] Un triunfo electoral de la MUD no será, en ningún caso, aplastante por lo que se trata de hacer un Gobierno para todos con una fuerza opositora posiblemente beligerante. Esta realidad es una de las debilidades de la propuesta de decretar un período de transición menor al período presidencial y la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Por el contrario, supone hacer gala de una enorme capacidad política de diálogo y negociación.
[2] Algunas de esas expresiones las encontramos en la columna “A tres manos” que dirige Rigoberto Lanz en el diario El Nacional, en algunas intervenciones en aporrea.org y en publicaciones del Centro de Investigación Miranda.
[3] Incluso la tradición leninista reconoce esta necesidad cuando insistía en la imposibilidad de una acción revolucionaria sin teoría revolucionaria, por tanto, en la necesidad de pensar y formar al militante político.
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