Artículos

07/04/2010 Las diversas caras de la democracia en Venezuela: Hacia el centro y buscando consenso El segundo artículo que analiza el Estudio de Valoraciones de la democracia en Venezuela demuestra que los venezolanos poseen mayores coincidencias entre sí de las que se creía: la polarización es, más bien, cosa de élites politizadas. Etiquetas:democraciavenezuelacentro gumillajose virtuosoinvestigación
Recursos
Vea además:
1.
Presentación del Estudio: Valoraciones de la democracia en Venezuela.
2.
Artículo ¿Qué democracia queremos los venezolanos? 1ª parte de la investigación, publicada en la Revista SIC 723
 

 Hacia el centro y buscando consenso

José  Virtuoso, s.j.

Un régimen democrático se define fundamentalmente como aquella  forma de Estado en que la soberanía reside en el pueblo y su forma de gobierno permite que los gobernantes y las instituciones a través de las cuales gobiernan estén real y efectivamente sometidos a ella.

La forma de Estado trata sobre la autoridad última sobre quien reside el poder supremo o la soberanía. La forma de gobierno se refiere a la estructura política especializada encargada de tomar las decisiones colectivas. Es Jean Jacques Rousseau en El contrato social (Lib. III, Cap. I) quien precisó la diferencia entre el soberano, “constituido por la generalidad del pueblo, y el gobierno, que tiene una existencia particular, y que a diferencia de aquél puede actuar con vigor y celeridad”.

También en El contrato social (Lib. III, Cap, IV), Rousseau desarrollará su definición sobre la forma de Estado democrática, la cual se convertirá en paradigmática hasta nuestros días. En el Estado democrático, el soberano es la totalidad del pueblo, cuando actúa como cuerpo social manifestando su voluntad general, mediante la aprobación de leyes y el nombramiento del gobierno. El soberano puede optar por cualquiera de las tres posibles formas de gobierno desarrolladas por el pensamiento político clásico (democracia, aristocracia o monarquía), además de una multitud de formas mixtas…

Esta distinción es muy útil pues ayuda a entender desde el inicio el problema planteado en las democracias. Según Rousseau, el mero hecho de la existencia del gobierno como un cuerpo especializado, distinto del soberano, representa un peligro continuo para la soberanía, pues la usurpación de ésta (que se supone pertenece a la generalidad del pueblo) por parte de unos gobernantes particulares es "el vicio inherente e inevitable” de todo cuerpo político democrático. La razón de ello es muy sencilla: en la forma de Estado democrático no hay una voluntad del soberano como cuerpo, que pueda enfrentarse y resistir permanentemente a la voluntad de los gobernantes (El contrato social, Lib. III, Cap. X), como sí ocurre en cambio cuando el soberano es un monarca o una aristocracia. En el Estado democrático "el soberano sólo actúa cuando el pueblo está reunido", pero aunque es necesario que existan asambleas periódicas frecuentes que se reúnan con tal fin, es imposible hacer de tales reuniones una actividad continua y permanente. (El contrato social, Lib. III, Caps. XII-XIII)

Juan Carlos Rey (Caracas, ITER-UCAB, 2003) concluye a partir de esta referencia, que resulta, por tanto, que un Estado que reconoce al pueblo como titular de la soberanía y del poder constituyente (y que en este sentido podría ser calificado como democrático) puede estar acompañado de formas de gobierno no democráticas. Existe una notoria debilidad del Estado democrático en el hecho de que el pueblo, en cuanto sujeto de la soberanía y titular último del poder público, es una entidad puramente abstracta o ideal que, al no estar permanentemente organizado, no puede hacerse presente ni manifestar su voluntad frente al gobierno sino muy ocasionalmente (en las pocas ocasiones extraordinarias en las que se le somete a consulta una nueva Constitución) o de manera intermitente (en las elecciones periódicas). En teoría el pueblo es la fuente última de toda autoridad, pero frecuentemente esto no es sino una mera imputación o ficción jurídica. El poder del pueblo es en gran parte puramente nominal, en tanto que el poder real y efectivo está en manos de estos últimos. Resulta así que, a menos que el Estado democrático esté acompañado de formas de gobierno o de instituciones también democráticas, que permitan al pueblo controlar efectivamente a los gobernantes y, en el extremo, desplazarles del poder cuando su conducta sea insatisfactoria, el poder último que se atribuye al pueblo no pasa de ser una ilusión. Eso explica el que la mera idea de un Estado democrático sin gobierno democrático, resulte insatisfactoria; y explica, también, que no pocas veces los enemigos de la democracia estén dispuestos a reconocer la soberanía nominal del pueblo, siempre que ellos conserven el control del gobierno.

Tipos de democracia

El régimen democrático ha ido dando lugar a diferentes modelos según contenidos y procedimientos. Según sus contenidos, la democracia de los modernos intentará organizar un sistema político que garantice dos grandes valores de la vida en sociedad: libertad individual e igualdad social, unas veces privilegiando uno sobre otro, otras veces intentando conjugarlos. Así tendremos democracias de corte liberal, socialdemócrata, socialista, etc. Según sus procedimientos, el gobierno democrático se ha organizado como gobierno representativo y responsable, autogobierno (o democracia directa) y participativo, en donde se mantienen instituciones del gobierno representativo y responsable en unión con la intervención directa del ciudadano en el proceso de toma de decisiones en lo público, tanto a nivel nacional, como regional y local.
América Latina y Venezuela
A finales de la década de los 80 y comienzos de los 90, América Latina vivió también lo que Samuel Huntington (1994) llamó Tercera Ola democrática. Transcurrida la euforia inicial pronto se revelaron fuertes crisis que pusieron de manifiesto la necesidad de fortalecer la institucionalidad democrática que se había extendido en  Latinoamérica.

Estas transiciones a las que hacemos referencia, pronto se vieron confrontadas con una serie de obstáculos producto de tradiciones, valores y creencias, poco afines a las prácticas democráticas, así como a los desafíos económicos derivados de la transnacionalización de la actividad productiva y financiera. A mediados de la década de los 90 todas las democracias de la región mostraban graves crisis, producidas por demandas que desbordaban la capacidad de respuesta de los sistemas políticos, crisis de empobrecimiento social, debilidad institucional, ingobernabilidad, etcétera.

Al final de los años 90 y comienzos de la primera década del tercer milenio, emergen nuevas propuestas políticas que se proponen re-significar el concepto de democracia en la región. Profundizando sus contenidos sustantivos, especialmente en lo económico y social, y en la intensidad de la participación ciudadana, para intervenir activamente en el proceso de toma de decisiones colectivas. Quizás lo más propio de este proceso de re-significación de los contenidos de los regímenes democráticos no fue la prescindencia de significados anteriormente convalidados, sino la agregación de otros nuevos valores que se pretendían con igual rango de importancia.
Pero este proceso no ha estado exento de contradicciones y tensiones.  En esta última década a lo largo del continente latinoamericano, y, de manera especial, en la región andina, y en Venezuela, de modo muy particular, se pueden verificar los siguientes interrogantes:
  1. ¿Cuáles son los modos de transformación social compatible con la democracia? Es mediante un proceso gradual de reformas, en procesos de diálogo y negociación, cuya referencia obligada es el marco del Estado de derecho vigente consagrado mediante los procedimientos democráticos convencionales. O es mediante un camino revolucionario, es decir, siguiendo el paradigma de las revoluciones modernas, en el que la transformación de las sociedades pasa por un estadio previo de liberación, entendida como  emancipación de todas las formas de coerción que impiden alcanzar la felicidad del pueblo. Ser libre de la opresión para llevar adelante el fin proyectado es la condición necesaria para construir formas de libertad en positivo: la libertad y la propiedad, los derechos civiles y el gobierno constitucional. (Arendt, Hannah: Sobre la revolución, 1963)
  2. ¿Quién es el sujeto que impulsa las transformaciones? En el caso latinoamericano, en los últimos 20 años, se ha acumulado un extenso vacío de representación. Ha sucumbido la institucionalidad del Estado, la capacidad de representación de los partidos políticos y de las organizaciones clásicas de la sociedad civil, como los sindicatos, para canalizar las demandas sociales.
    En medio de este vacío han emergido dos modos de canalizar los cambios: a través de lo que se ha llamado “las democracias delegativas” o a través de las “democracias de ciudadanía”. En la primera, se delega en un líder en específico, mediante elecciones periódicas, la dirección del proceso de cambio. A este líder, una vez legitimada su jefatura mediante elecciones, se le conceden todo tipo de facultades para gobernar, dejando en última instancia el veredicto de sus acciones al dictamen de la voluntad popular.
    En las democracias de ciudadanía se entiende que los miembros del conjunto social son ciudadanos, es decir, poseen un conjunto de derechos inherentes a su condición de personas, por lo que se constituyen en sujetos activos y protagónicos de la soberanía frente a las instituciones de gobierno.  
    Sin embargo, dado que en América Latina nos encontramos con lo que se ha llamado “ciudadanía de baja intensidad” (O’Donnell, 1993), en la que una gran mayoría no sólo carece de derechos sociales básicos, limitándose sus oportunidades, sino que también está sometida a una gran diversidad de violencias, porque carecen de bienes institucionales básicos: acceso a la justicia, igualdad legal, protección, etcétera, la democracia de la ciudadanía no pasa de ser una aspiración deseada, y, lamentablemente, objeto de ofertas demagógicas.
  1. ¿Cuál es el modelo deseado? También está en tensión cuál es el modelo  de sociedad al que se aspira. En el último quinquenio se ha puesto en discusión si lo que pretendemos como sociedades en el continente latinoamericano es la construcción de una democracia social o una versión actualizada de socialismo. Por democracia social se entendería algo así como una sociedad donde la ciudadanía sea integral, donde los derechos no se limiten al campo civil y político, sino que se extiendan al campo social. Comprende al ciudadano como individuo referenciado socialmente, actuando como actor político, social y económico, participando activamente de manera directa e indirecta en la conformación de las decisiones públicas. Con un Estado que se entiende como facilitador institucional de los procesos sociales, regulador de las relaciones de producción e intercambio, para garantizar el bienestar social colectivo, cuyas reglas de juego se enmarquen en el Estado de Derecho diseñado y consagrado mediante los procedimientos convencionales de la democracia liberal.
    El auge reciente de la izquierda en América Latina, ha puesto de nuevo el tema de la construcción del socialismo en la agenda de la opinión pública, de la investigación y discusión de teóricos y en el discurso político actual. La extensión y gravedad de los problemas sociales generados por el modo de producción capitalista imperante en todo el mundo, las consecuencias negativas de la implantación de políticas económicas exageradamente optimistas en la promoción del mercado, la inestabilidad de los sistemas democráticos liberales y el auge de los movimientos populares, constituyen, el contexto de esta discusión. El socialismo se presenta como una opción para alcanzar una mayor justicia social, por lo que se justifica el esfuerzo por actualizar sus contenidos básicos a las características del siglo XXI. Varios puntos están en discusión: ¿Cómo se diseña y produce la ideología socialista? ¿Cuál es su función? ¿Quién y cómo socializan los medios producción? ¿Cuál es el lugar del Estado en el control de los medios de producción y las formas de intercambio? ¿Cuál es la relación entre democracia directa y representativa? ¿Cuál es el lugar de la propiedad privada? 
Acercándonos a las valoraciones de la democracia

Desde estas perspectivas, el Centro Gumilla se ha planteado la realización de un estudio sobre la cultura política vigente de la democracia en Venezuela y América latina que permita conocer más en profundidad los contenidos, las aspiraciones y las contradicciones que atraviesa el espíritu o ethos democrático tanto en el país como en la región.

Entendemos por cultura política el modo de comprender lo político y darle sentido a sus prácticas, desde su fundamentación racional, valorativa y simbólica. Lo racional está compuesto por aquel conjunto de ideas que orientan y dan contenido lógico a los programas y doctrinas políticas permitiéndoles establecer metas y objetivos verificables y medibles. Lo valorativo hace referencia a la aceptación de determinadas ideas y prácticas como bienes estimables y necesarios para el desarrollo de una vida verdaderamente humana. La dimensión simbólica se refiere a aquello que vincula emocional y afectivamente a los seguidores de un proyecto político con su programa, liderazgos e instituciones.

La cultura política así entendida conforma la base de legitimidad de un régimen político. Por ello, para nosotros, este estudio sobre valoraciones de la democracia busca conocer las bases que sustentan la aceptación y obediencia a las formas de gobierno y Estado democráticas vigentes, así como los procesos de rebeldía que buscan cambios frente a las formas políticas actuales. 

La investigación empírica se inspiró en las metodologías utilizadas en los estudios de mercadeo, en donde consideramos a la democracia como un producto y queremos indagar cómo sus potenciales consumidores la evalúan y qué esperan de ella.

Para ello se diseñó un estudio cuantitativo, utilizando la técnica de la entrevista personal y directa en hogares, por medio de un cuestionario estructurado en función de los objetivos planteados. El tamaño de la muestra es de 2.000 entrevistas, realizadas a hombres y mujeres, mayores de 18 años de todas las clases sociales. El nivel de confianza es del 95%, con un error máximo admisible de 2,19%. El estudio se efectuó en municipios de 25.000 o más habitantes, pertenecientes a todo el territorio nacional exceptuando los estados Amazonas y Delta Amacuro. El trabajo de campo se realizó desde el 14 de septiembre al 9 de octubre de 2009. El diseño del estudio, su ejecución en campo y el análisis estadístico fue realizado por la empresa Ceninvest.

Las variables demográficas siguen la siguiente distribución en la muestra:

Sexo: Masculino: 48% 
Femenino: 52%
Edad: 18 a 24 años: 29%
25 a 34 años: 26%
35 a 49 años: 24%
50 y más años: 21%
Estratificación económica: A-B-C: 18%
D-E (+): 62%
E (-): 20%
Regiones: Capital: 21%
Llanera: 4%
Andina: 13%
Guayana: 5%
Central: 16%
Occidental: 15%
Oriental: 14%
Zuliana: 13%
 
Hacia un mapa ideológico

Para la elaboración del mapa ideológico se sometieron a la evaluación de los entrevistados 52 afirmaciones sobre lo que debe o no debe ser un régimen democrático en cuanto a sus relaciones económicas dominantes, modelo de desarrollo social característico, gestión política y organización institucional del Estado y el gobierno, valores de convivencia y orientación de las relaciones internacionales. En función a las respuestas dadas por los entrevistados, aplicando técnicas estadísticas de análisis de conglomerados (Cluster Análisis) y análisis factorial, se conformaron a posteriori grupos de individuos, cuyos integrantes se asemejan entre sí y se diferencian del conjunto.
Las afirmaciones sometidas a la consideración de los entrevistados fueron elaboradas partiendo de nuestra hipótesis de trabajo, en la cual consideramos en primer lugar que los venezolanos se inclinan casi en su totalidad por la democracia  como el modo preferido de entender la organización del poder político en la sociedad. Esta preferencia se ha señalado en distintos estudios de opinión a lo largo de los últimos 30 años, aún en los momentos de mayor crisis de legitimidad y de gobernabilidad.

De allí que toda propuesta de cambio en los últimos 20 años en Venezuela se haya hecho para perfeccionar el sistema democrático y garantizar de este modo el ejercicio de la soberanía popular, activar la ciudadanía, rescatar las instituciones públicas y favorecer la libertad y la igualdad en la sociedad.

Un estudio de referencia importante fue el realizado por la Asociación Civil Conciencia 21 y presentado en abril del año 2001. En este estudio se confirma que, siendo la democracia el sistema preferido de organización política, sin embargo, la democracia concreta que se vive, no es la que se quiere y por lo tanto se debe cambiar.
No cabe duda que la democracia se ha impuesto entre nosotros… sólo unos pocos estarían dispuestos a cambiarla por otro sistema, es indudable y aquí radica la paradoja, esa democracia y la vida política que de ella se deriva se viven con malestar e insatisfacción… El 82% de los entrevistados conviene en afirmar que para perfeccionar la democracia hay que hacer cambios… (Conclusiones del informe final: La democracia de los ciudadanos. Democracia mínima. Asociación Civil Conciencia 21. Abril 2001).
En segundo lugar, nuestra hipótesis consideró que los venezolanos han estado expuestos a diferentes versiones sobre el régimen democrático deseado. Los intensos acontecimientos políticos que se han desarrollado en el país desde el proceso electoral de 1998 hasta nuestros días han sumergido a la opinión pública en profuso debate de ideas y propuestas. El presidente Chávez ha sido un actor clave en la continua proposición de ideas, activando posiciones a favor y en contra. Junto a lo que ocurre en el país, la región en general, ha sido también escenario de importantes cambios que han generado amplio debates en los que la opinión pública venezolana ha participado gracias a su socialización a través de los medios masivos de comunicación. 

Creemos que estas versiones sobre la democracia se pueden resumir en el siguiente cuadro.

Democracia liberal Democracia

delegativa

Democracia social o ciudadana Democracia socialista del siglo XXI
  • La libertad individual como valor fundamental
  • Ciudadanos, gobierno y Estado están supeditados al mandato de la constitución y de las leyes.
  • Procedimientos que caracterizan la vida democrática:
  • Reconocimiento de los derechos civiles y políticos a cada individuo;
  • autoridades públicas electas;
  • elecciones libres, imparciales y periódicas;
  • los ciudadanos tienen acceso efectivo a las fuentes de información;
  • autonomía de las asociaciones frente al gobierno;
  • independencia de poderes;
  • descentralización territorial del poder;
  • participación ciudadana;
  • responsabilidad de los gobernantes.
 
  • La forma democrática de gobierno por excelencia es el gobierno representativo.
  • Régimen presidencialista, centralizado.
 
  • Se delega en un líder, elegido mediante elecciones periódicas, la representación de la nación y se supeditan a él el resto de los poderes públicos.
 
  • El gobernante se comunica directamente, sin intermediarios, con el pueblo.
 
  • Su principal capital político: la confianza popular para generar cambios
  • Cada persona se entiende como miembro de pleno derecho de una comunidad.
  • Reconocimiento integral de los derechos humanos (civiles, políticos y sociales).
  • La participación ciudadana es la clave de la vida democrática.
  • Participación directa, cogestión y representación son dimensiones complementarias, no excluyentes ni en tensión.
  • Descentralización del poder.
  • Reconocimiento de la libertad de la asociación.
  • Libertad civil y política e igualdad social son valores complementarios e interdependientes.
  • La democracia es no sólo un régimen político sino un modo de garantizar bienestar  integral a toda la sociedad.
  • El Estado interviene en la creación directa de oportunidades y en la dirección económica, pero deja un amplio margen  a la iniciativa privada y al mercado.
  • Expresión directa de la soberanía popular.
  • La felicidad del pueblo como valor supremo.
  • La igualdad de condiciones priva sobre el reconocimiento de los derechos civiles.
  • La socialización de los bienes de producción es la vía idónea para alcanzar el bienestar colectivo.
  • El Estado es el sujeto principal de los cambios económicos, sociales y políticos
  • El modelo de desarrollo: sustentable, endógeno, equitativo y participativo.
  • El desarrollo endógeno con énfasis en la comunidad local y en redes de solidaridad.
  • Cooperación internacional multipolar y latinoamericana
  • Poder social, participación, cogobierno
  • Nacionalismo popular revolucionario.
  • Relaciones de alianza y cooperación entre pueblo y FF.AA.
  • Consulta electoral permanente como base de legitimación
  • Relaciones directas entre el líder y guía de la revolución con el pueblo.
 
Resultados de la indagación
El mapa político resultante de la indagación realizada se compone de los siguientes grupos:

Demócratas socialistas del siglo xxi
31%
Demócratas liberales
27%
Demócratas socialistas moderados 
33%
Autoritarios
9%
  1. Demócratas socialistas del siglo XXI
Los demócratas socialistas del siglo XXI conforman 31% de los consultados. Este grupo se caracteriza por estar compuesto en partes iguales de hombres y mujeres, predominando con 92% de la clase social D-E+ y E- y teniendo 57% de los integrantes edades menores a 35 años. Aproximadamente tres de cada diez individuos se encuentran en la región Oriental. En general, sus miembros tienen una marcada inclinación chavista y recomiendan al gobierno de Hugo Chávez como el sistema de gobierno para nuestro país (51%).

En su mayoría son individuos que expresan adhesión hacia los valores de solidaridad, fraternidad, igualdad y amor, como valores rectores de la vida en la sociedad. Tienen una alta consciencia que un buen sistema de gobierno es el que comparte el poder con los ciudadanos, por tanto consideran que cualquier ciudadano puede influir con su opinión en la política. 

Son los ciudadanos los que tienen más derechos que los partidos políticos y sus dirigentes para definir el destino y los asuntos  del país. Todos debemos estar bajo el imperio de las leyes y la Constitución Nacional. Consideran que las diferencias sociales en el país deben disminuir, y piensan que el Gobierno debería endeudarse para ayudar a la gente pobre.

Perciben también, que las industrias básicas deben ser nacionalizadas y en las empresas privadas los empleados deben ser accionistas.

Muestran muchas expectativas hacia los consejos comunales, ya que creen que estas organizaciones son la solución para lograr una mayor participación de los ciudadanos en resolver los problemas de sus comunidades.

Señalan también que en el Gobierno recae la responsabilidad para satisfacer las necesidades del pueblo, pero para lograrlo debe tener mucho poder, y  piensan también que el Presidente, para cumplir con la gente, debe comunicarse directamente con el pueblo sin ningún tipo de intermediario.

Consideran además, que si el Estado controla todos los sectores de la sociedad hay más progreso en el país y debe garantizar que la riqueza de las personas más adineradas se distribuya entre los ciudadanos más pobres.

Los demócratas socialistas del siglo XXI son los que evalúan más favorablemente la Presidencia de la República, Pdvsa y la Fuerza Armada Nacional. Seguiría en segundo orden el Consejo Nacional Electoral, La Fiscalía, la Defensoría del Pueblo, las universidades oficialistas. Las demás instituciones del Estado son evaluadas regularmente. Con respecto a las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación oficialistas, los consejos comunales, los partidos políticos oficialistas y el movimiento estudiantil pro-gobierno se llevan la mejor puntuación. Entre las organizaciones internacionales los países del Alba son los mejor evaluados. La Iglesia católica es evaluada con tendencia positiva.

Al preguntar sobre el grado de acuerdo o desacuerdo con determinados juicios sobre las instituciones públicas, pudimos constatar que hay tendencia a considerar positivamente que los gobernadores y alcaldes deben mantenerse dependientes del gobierno central para mejorar la calidad de sus gestiones. Igualmente se está más cercano con la idea de que Pdvsa debe hacer depender sus decisiones del Gobierno. Hay bastante acuerdo con la idea de que la Presidencia de la República está haciendo lo mejor que puede por el país. Igualmente están de acuerdo con la afirmación que sostiene que los militares han hecho aportes importantes a la administración pública. Son bastante críticos con respecto a la gestión de los ministros del gabinete presidencial.

Por otra parte, los demócratas socialistas del siglo XXI no creen que los partidos políticos sean imprescindibles para la democracia. Sin embargo, sí consideran que los sindicatos tienen un papel muy importante que jugar en las reivindicaciones y las luchas de los trabajadores. Están bastante de acuerdo con la idea de que la Iglesia católica no debe involucrarse en asuntos políticos.

Los demócratas socialistas del siglo XXI señalan como principales valores de la democracia actual en Venezuela: la participación, la libertad de expresión, la igualdad social, el derecho a la educación, la participación en las misiones y la libertad y transparencia en las elecciones. El atributo negativo que señalan en general es la inseguridad y delincuencia.

Los sistemas de gobierno mejor evaluados son el Brasil de Lula y la Venezuela de Chávez. Con respecto a los otros grupos ideológicos es el que mejor evalúa la Cuba de Fidel.

Finalmente, 70% de los demócratas socialistas del siglo XXI señala que los venezolanos deben encontrar la solución a sus problemas sin la intervención de otros países.

De acuerdo con esta caracterización los demócratas socialistas del siglo XXI parecieran decirnos que es necesario concentrar el poder para garantizar que el mismo pueda ser distribuido entre el pueblo. Los principales actores para esta paradójica operación son el Presidente de la República y el Estado venezolano. Se considera que es más eficaz la relación directa entre el pueblo venezolano y el Presidente de la República obviando las intermediación de partidos políticos. Para este grupo el socialismo del siglo XXI se materializa en el modelo político actual que lideriza el presidente Chávez y es compartido por los países del Alba, aunque puedan existir críticas y desacuerdos con algunos aspectos.
  1. Demócratas liberales
Este grupo está  conformado por 27% de la muestra. La composición de género y edad no muestra diferencias con respecto a la muestra en general. Con respecto al nivel socioeconómico, en este grupo se nota una mayor presencia del estrato ABC (21%). Su identificación política es de oposición. Está compuesto mayoritariamente por ciudadanos de las regiones Central y Capital, cada una con 27% de participación, seguido de la región Zuliana (19%). Por su parte, no existe mayoría sobre el sistema de gobierno recomendado, los entrevistados se debaten entre las democracias de: EEUU, Colombia y Brasil.

Generalmente piensan que en una democracia efectiva los gobernantes se deben alternar en el poder y además, consideran que en la actualidad  hay mucho poder concentrado en unos pocos dirigentes. Expresan un importante grado de acuerdo con que el sistema democrático debe garantizar que la empresa privada sea la mejor forma para generar empleos y prosperidad del país;  y sus  leyes deben garantizar la inversión del capital extranjero para el desarrollo. Sin embargo, también piensan que en una democracia el gobierno debe intervenir en la economía, pero dejando un amplio margen a la iniciativa privada. Así mismo, perciben que la democracia debe garantizar el derecho de las personas a acumular riquezas.

En una mayoría creen que las gobernaciones y alcaldías deben tener autonomía en las decisiones para resolver los problemas de sus regiones, y los poderes públicos deben actuar con independencia y autonomía.

Moderadamente expresan su acuerdo sobre la idea de que el sector público debe tener poco control sobre la economía del país. También están de acuerdo con que el pueblo tiene que marchar como una forma de protestar si el gobierno toma decisiones que afecten su nivel de vida. Igualmente, con moderada predisposición, los individuos de este conglomerado piensan que cualquier ciudadano puede influir con su opinión en la política y tiene más derecho de decidir el destino del país que los partidos políticos.

Los demócratas liberales evalúan muy negativamente la generalidad de las instituciones públicas, siendo las peor evaluadas: la Defensoría del Pueblo, La Fiscalía, los ministerios, la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia y la Contraloría. Con respecto a las instituciones no gubernamentales, las mejores evaluadas son: la Iglesia católica, las universidades opositoras, los estudiantes opositores, medios de comunicación, y finalmente los partidos políticos de oposición. Las organizaciones internacionales también son muy mal  evaluadas.

Al preguntar sobre el grado de acuerdo o desacuerdo con determinados juicios sobre las instituciones públicas casi en su totalidad están de acuerdo en que: la Presidencia de la República está concentrando demasiado poder; la Contraloría General oculta hechos de corrupción; la Fiscalía General ha perdido credibilidad; el CNE no garantiza el respeto a la voluntad popular mediante el voto, ni es imparcial; tampoco los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia actúan con imparcialidad y los ministros del gabinete del Gobierno actual no son hombres trabajadores y honrados.

Los demócratas liberales consideran que los partidos políticos, los gremios y los sindicatos son imprescindibles en la democracia. Coinciden con los socialistas del siglo XXI al señalar que la Iglesia católica no debería involucrarse en asuntos políticos. No están de acuerdo en censurar a los medios de comunicación para garantizar la moral y las buenas costumbres.

Prácticamente no señalan ningún valor positivo importante de la democracia actual en Venezuela. Por el contrario, un alto porcentaje de respuestas (14%) señala que no hay democracia en el país; la inseguridad y la delincuencia también fueron reiteradamente mencionadas así como la corrupción y el robo.
Los sistemas de gobierno mejor evaluados son los Estados Unidos de Obama y la Colombia de Uribe. Más atrás siguen la España de Zapatero y el Brasil de Lula.

Finalmente, entre los demócratas liberales se observa el porcentaje más alto (43%) de los que señalan que no importa que intervenga otro país en Venezuela con tal de que el país avance.

Entre los demócratas liberales la preocupación mayor es garantizar la libertad y la autonomía como valores fundamentales de la vida pública y principios rectores del gobierno. A nivel económico y social proponen la competencia en el mercado, el desarrollo de la empresa privada nacional y extranjera, la intervención moderada del Estado en la economía, etcétera. Son muy críticos con respecto al modelo político instaurado en Venezuela, siendo sus modelos referentes los gobiernos liderizados por Obama y Uribe, aunque también los presidentes Lula y Zapatero gozan de alta consideración. Este grupo se sitúa en una posición diametralmente opuesta al grupo de los socialistas del siglo XXI.
  1. Demócratas socialistas moderados
Los demócratas socialistas moderados es el grupo con mayor número de miembros (33%), está conformado por 47% hombres y 53% mujeres. En este grupo 21% son procedentes de los estratos socioeconómicos A-B-C y 79% lo conforman personas pertenecientes a los estratos socioeconómicos D-E+ y E-. Es un grupo con tendencia ideológica próxima al chavismo, lo que se corrobora con la preferencia (41%) del sistema de gobierno ejecutado por el presidente Chávez para Venezuela. En cuanto a la distribución por regiones, predominan la Capital y la Occidental con 29% y 26% respectivamente.

En términos generales son individuos que muestran ser cautelosos, equilibrados y moderados al expresar sus creencias ante los enunciados propuestos para su juicio. Entre las principales aseveraciones de este grupo se encuentran: “En democracia, toda persona tiene derecho a opinar sobre los problemas de su comunidad”, “Un gobierno democrático debe reconocer y respetar todo tipo de asociaciones y relaciones de ciudadanos”, “En democracia deben existir elecciones libres, imparciales y periódicas”, “La participación masiva de los ciudadanos en las decisiones políticas, económicas y sociales es fundamental en la vida democrática”, “En democracia se debe garantizar que la producción de bienes y servicios permita alcanzar el bienestar colectivo”, “En una democracia debe prevalecer el trabajo” y “Todo gobierno debe respetar los derechos humanos”.

Sus juicios tienen diferencias con respecto a los grupos anteriores, pero en varios enunciados, sus promedios, siempre por debajo, no se alejan mucho de esos conglomerados. Sin embargo, se observa  que el grado de predisposición de los individuos de este grupo se orienta un poco más hacia los valores expresados por los miembros del grupo I, principalmente en los siguientes enunciados: “En la empresa privada los empleados deben ser accionistas”, “El Gobierno debería ayudar a la gente pobre aunque signifique endeudarse”, “El gobierno debe tener mucho poder para responder a las necesidades del pueblo”, “El gobierno debería empeñarse en tratar de disminuir las diferencias sociales”.

También, siempre con promedios más bajos, el modo de pensar de los individuos de este conglomerado se aproxima a ciertos enunciados del grupo II, básicamente  en los siguientes aspectos: “La democracia debe garantizar que la empresa privada sea la mejor forma para generar empleos y prosperidad”, “En una democracia el Estado debe intervenir en la economía, pero dejando un amplio margen a la iniciativa privada”.

Los demócratas socialistas moderados evalúan las instituciones públicas de manera semejante a los demócratas socialistas del siglo XXI, aunque con promedios más bajos. En general su evaluación de conjunto de las instituciones del Estado venezolano se aproxima a lo que pudiéramos llamar regular. Con respecto a las instituciones no gubernamentales, hay una diferencia muy importante con los grupos I y II. La calificación dada a organizaciones no gubernamentales pro oficialistas y la otorgada a organizaciones no gubernamentales pro oposición no es tan pronunciada, siendo levemente más favorable a las instituciones no gubernamentales pro oficialistas. Estas características los hacen más tolerantes y proclives al diálogo. Las organizaciones internacionales también son calificadas con baja puntuación.

Con respecto a sus actitudes hacia las instituciones no públicas lo más relevante de este grupo es la importancia que conceden a las organizaciones de intermediación política y social: partidos políticos, gremios, sindicatos y a la misma Iglesia católica en cuanto que con sus mensajes y acciones está contribuyendo a mantener la paz y la convivencia en el país.

Señalan como valores positivos de la democracia actual en Venezuela la participación, la libertad de expresión y la igualdad. Los valores negativos más reiterados son: la crítica a la misma democracia, la inseguridad y la corrupción.

El sistema de gobierno preferido es el Brasil de Lula, seguido con bastante distancia por la Venezuela de Chávez y el Chile de Bachelet.
Los demócratas socialistas moderados son los que menos están de acuerdo con la intervención de otro país en Venezuela.

De acuerdo con esta caracterización los demócratas socialistas moderados ocuparían el centro político ideológico del mapa político. La versión de democracia que más se ajusta a ellos sería aquella que tipificamos como democracia social o ciudadana, en donde los valores de la participación y la igualdad son fundamentales y el desarrollo económico y social requiere de un proceso político que combine adecuadamente la intervención del Estado y la promoción de las libertades económicas. Políticamente están más alineados a la opción que representa el presidente Chávez, aunque son críticos con respecto al modelo de gobierno.
  1. Autoritarios
El último conglomerado, denominado como autoritarios, es el más pequeño de los cuatro (9%). Es el único grupo donde el estrato D-E+ alcanza apenas la mitad de los integrantes, mientras que el estrato ABC representa una tercera parte del mismo. Sus miembros se identifican políticamente como Ni-Ni. Consideran que el sistema de gobierno recomendado para Venezuela es el de Brasil-Lula, con 31% de menciones a favor.  Más de la mitad de los entrevistados de este grupo provienen de la región Zuliana, y un cuarto de la Andina.

La particularidad de los miembros de este conglomerado es que en casi todos los enunciados manifestaron posiciones opuestas a la del resto de los grupos, con posiciones en ocasiones contradictorias.  Las personas de este grupo desean que el Estado ejerza más control sobre los ciudadanos, no están de acuerdo con las marchas como forma de protesta, están en desacuerdo con que la libertad sea el derecho humano más importante en democracia y con que todo gobierno deba respetar los derechos humanos.

Tienen algún grado de acuerdo con que en la empresa privada los empleados deberían ser accionistas, en que el Estado debería garantizar que la riqueza de las personas más adineradas se distribuya entre los más pobres, en que el Gobierno debería ayudar a la gente pobre aunque eso signifique endeudarse. Además mantienen cierto grado de acuerdo con que el pueblo debe confiar plenamente en sus principales líderes políticos y con que las leyes en un sistema democrático deben garantizar la inversión del capital extranjero para el desarrollo del país.

Por último, pese a que ninguno de los conglomerados manifestó de manera relevante apoyar una dictadura, este conglomerado podría considerarse como el más proclive de los cuatro grupos a esta opción.
Los autoritarios evalúan de manera regular a las instituciones públicas, las no gubernamentales y las instituciones internacionales. Entre todas ellas la Iglesia católica es la mejor evaluada.

De todos los conglomerados, son los que están más en desacuerdo con que la idea de que la presidencia de la República esté concentrando demasiado poder, así como también con otros juicios negativos en la evaluación de las instituciones públicas.

Muestran un alto nivel de acuerdo con el papel de intermediación política y social que pueden jugar los partidos políticos, los gremios y los sindicatos en la democracia. Están bastante de acuerdo con la idea de censura a los medios para garantizar la moral y las buenas costumbres.

Señalan como principales valores positivos de la democracia actual en Venezuela la participación, la igualdad y el derecho a la educación. En cuanto a valores negativos el mayor porcentaje de respuestas señalan la corrupción, la inseguridad y los problemas relacionados con la misma calidad de la democracia.

En cuanto a los sistemas de gobierno los mejor evaluados son el Brasil de Lula y la Venezuela de Chávez.

Finalmente, en este grupo también se observa, al igual que en el caso de los demócratas liberales, un importante grado de acuerdo con la idea de una posible intervención de otro país en Venezuela.

De acuerdo con esta caracterización, los autoritarios es el grupo que menos comparte el ideal democrático, siendo sus ideas muy contradictorias entre sí, lo que implica que no estamos frente a un autoritarismo ideológico, sino frente a uno de tipo más político en el sentido de la forma de ejercer y organizar el poder en la sociedad.

Conclusiones generales
  1. Al igual que estudios anteriormente realizados, esta investigación confirma la idea de que los venezolanos preferimos el sistema democrático de Estado y de Gobierno y nos identificamos mayoritariamente con valores sustanciales y convencionales al mismo. En efecto, todos los grupos creen que el Gobierno debe consultar a los ciudadanos para realizar los cambios sociales, económicos y políticos del país, en el país debe predominar la diversidad de pensamiento en lo político, no es bueno para el país la abolición de la propiedad privada, no se justifica la violencia política ni la corrupción bajo ninguna excusa, las libertades políticas y económicas son valoradas.
  2. El mapa dibujado permite concluir que Venezuela aunque está polarizada políticamente en torno al binomio chavismo-antichavismo, sin embargo se muestra plural ideológicamente. En efecto, hay dos opciones ideológicas que están más directamente vinculadas a la identidad política con el chavismo o la oposición a éste. Son los grupos denominados socialistas del siglo XXI y los liberales. Sin embargo, en el medio de ellos se ubica el grupo mayoritario que se identificaría con la opción de la llamada democracia social o ciudadana que tiene valores susceptibles  de identificarse con la propuesta del socialismo del siglo XXI como también con valores de la propuesta de la democracia liberal. Hay que aclarar, sin embargo, que no se trata simplemente de un grupo ecléctico ideológicamente, sino de una mayoría identificada con la aspiración más predominante en cuanto a la perfectibilidad democrática deseada en América Latina, en donde se busca combinar igualdad y libertad, participación y representación, e institucionalidad para garantizar el Estado de Derecho y justicia social.
  3. También la pluralidad ideológica se muestra al interior de los mismos grupos. Tanto los socialistas del siglo XXI, como los liberales y los llamados socialistas moderados  son bastante heterodoxos con respecto a lo que convencionalmente puede entenderse bajo esa denominación.
  4. Todo lo anterior indica que es posible en Venezuela el diálogo y la concertación. Los consensos parecen ser mayores que las diferencias tal y como lo señala el dossier de la revista SICNº 722, en el que se presenta un elenco desgranado de los acuerdos y desacuerdos con las proposiciones sometidas a la consideración de los entrevistados en este estudio. Es posible concluir que los venezolanos cuentan con una agenda de consenso para desarrollar un programa político. El problema entonces radica no en la mentalidad de la política de los venezolanos, sino en los líderes que se empeñan en hacer de la confrontación el instrumento fundamental para hacer política.
  5. El estudio también señala las deficiencias de nuestra cultura democrática. Por una parte, consideramos que el valor de la participación ciudadana es fundamental, pero los niveles de participación son muy bajos. El índice promedio de participación social, política y económica no va más allá de la participación ocasional. El mayor porcentaje se ubica en la participación social (21,2%); en este tipo de participación sobresale la participación en iglesia o grupos religiosos, actividades deportivas, asociación de padres y representantes y actividades culturales. La participación política alcanza en total 17,5% de los entrevistados  y mayoritariamente se expresa en actividades de tipo electoral.
  6. También al configurarnos como una sociedad políticamente polarizada no ha sido posible generar espacios de debate y discusión en donde predomine la tolerancia, el respeto y la libertad de expresión. Esta circunstancia no nos permite madurar y profundizar nuestras ideas y proposiciones a través del debate y la interlocución, dejando en un estado muy elemental nuestras convicciones. ¿Cómo profundizar la dinámica y el ethos democrático en la sociedad venezolana?

 

Comentarios
Comentarios 1
José V. Adrian----16/04/2010Es un estudio interesante en el que sin duda la democracia sale fortalecida, aunque llama la atención el porcentaje de quienes no ven en los partidos un referente importante para la sobrevivencia del sistema mismo y que la participación política se reduzca en una buena medida a hechos aislados en el tiempo (elecciones). El que se valore la propiedad privada, el derecho a la opinión y otros factores en los que se asientan las democracias liberales y socialistas al estilo occidental, permite tener confianza en el futuro democrático del país. Un riesgo de cierta significación se hace presente cuando realmente la falta de discusión y confrontacion de las ideas y la escasez espacios que permitan profundizar en los temas trascendentes y fundamentales no contribuyan a la consolidación del sistema frente al encuentro con sus detractores.
no se permiten etiquetas HTML
Eventos
    A Fondo |   RSS Gumilla