Revista COMUNICACION

Revista Comunicación 158: Polarizar es el arte
Presentación: Polarizar es el arte
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  Traemos a la memoria lo que dijera el filósofo y lingüista británico Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Es decir, que esos límites del lenguaje son al mismo tiempo los límites del pensamiento. ¿A qué viene esa idea? Pues a propósito de lo que el ciudadano presidente de la República, ahora convertido en candidato-Presidente, dijera en la fecha conmemorativa de la Batalla de Carabobo: “Quien no es chavista, no es venezolano”. Frase dura, excluyente y cruel hacia una parte del país. Ella nos demuestra cuáles son los límites del mundo y del país que se proyecta desde el poder. Unos meses antes el propio Presidente llegó a decir también que en la contienda electoral que se aproximaba “había que repolarizar al  país”. ¿Todavía más? Se trata de una claridad y transparencia del lenguaje, a pesar de sus límites y visión, convertida en un fin en sí misma como, de nuevo, dijera Wittgenstein.

La polarización del país ha vivido momentos críticos y ahora se quiere, de manera intencionada, revivir esos momentos. La polarización no ha cobrado víctimas en sentido masivo, pero puede llegar a extremos si desde la cúspide del poder se sigue azuzando el clima polarizador. Tenemos la sensación, más allá de las palabras y la retórica,  que desde el poder omnímodo  se quiere y se necesita la polarización.  Nos parece que se necesita de ella para proyectar un país que visto desde todos los indicadores sociales, económicos, culturales, políticos incluso, es una ilusión. Hasta esa ilusión de país puede ser polarizadora. Hasta fingir un país puede ser igualmente polarizador. De igual manera, esos mismos indicadores que hablan de otro país son también polarizadores.


La polarización presente es, tal como nos indica un reciente estudio de la Universidad Católica Andrés Bello (2012), entre chavistas y no chavistas, entre partidarios del PSUV y partidarios de la oposición, entre ricos y pobres, entre los que se dicen capitalistas y los que se nombran socialistas, entre beneficiarios y no beneficiarios del Gobierno. Pero existiendo esas clases polarizadas, 85 por ciento de los encuestados está totalmente en desacuerdo con la polarización y apenas 11,3 por ciento manifiesta estar de acuerdo con ella. De la misma forma, 28,2 por ciento indica que una de las principales causas de esa división es el discurso del presidente de la República –“por las descalificaciones empleadas en sus discursos”–, pero también 29,6 por ciento apunta que esa división se debe “a las noticias e informaciones que  transmiten los medios de comunicación”. ¿Conclusión? Somos un país y una sociedad polarizada en extremo y ahora, tal como indicamos arriba, se declara que hay que repolarizar al país para la confrontación y además se excluye una parte de los venezolanos por pensar distinto al poder. De nuevo, la cita de Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.


Así, la entrega de esta nueva edición de Comunicación, que ya tiene en su haber 37 años, entra en el tema político no solo desde lo coyuntural, aunque este nos ha servido como excusa para presentar el número de la revista, sino desde la POLÍTICA y lo POLÍTICO como discurso y como realidad más allá de la contienda electoral. No la olvidamos, pero nuestro aporte quiere ser más conceptual al tratar lo político partiendo de diversas vertientes que van desde el discurso, la violencia, los electores y sus preferencias comunicativas, desde la web y las redes sociales,  la ciberpolítica, los niños y sus opiniones sobre la política, desde las protestas…


La analogía con nuestra realidad presente es fácil de hacer y ello exige al lector penetrar en la lectura de estos textos con sentido de amplitud y visión creativa de pensamiento. Ojalá que este enfoque que asumimos en Comunicación logre revertir el sentido de la polarización a la que se nos ha llevado y se nos quiere seguir llevando. Ojalá sirva para pensar desde la diversidad y las diferencias que no tienen por qué ser polarizadoras, sino todo lo contrario; es decir, enriquecedoras de lo que como ciudadanos y país podemos y debemos ser. 

¡Ojalá! recuperemos lo perdido y extraviado.


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