Revista COMUNICACION

Tercer Trimestre 2005
Pluralismos, Diferencias y Coincidencias
Recursos
Bienaventurado el que lee, y más bienaventurado
el que no se estremece ante la cimitarra de la economía, que veda el acceso al dudoso paraíso de los libros y revistas, en estos años de ira, de monstruos que ascienden desde la mar, de blasfemias que descienden para cercenar el tartamudeo,y de dragones a quienes seres caritativos filman y graban el día entero
para que nadie se llame a pánico y se les considere criaturas mecánicas y no anticipos del feroz exterminio
Carlos Monsiváis


Digámoslo sin timideces: nadie creía, al menos muchos lo expresaron en su momento, y la experiencia del país de entonces ante este tipo de publicaciones lo decía, que Comunicación llegara a treinta años de vida. Digámoslo sin timideces: ¡pero llegamos!. Y es grato, de verdad que sorpresivamente “gustoso” (como suelen decir los brasileños), arribar a treinta años. Edad ésta que indica la “mayoría de edad”, pero con la necesidad y creencia de que todavía nos queda mucho por ver y de seguro, por aprender. De lo contrario, estaríamos fuera de juego, pero todavía seguimos y queremos seguir jugando.

Cuando nuestra publicación veía la luz, por la voluntad política y el empeño intelectual de un pequeño grupo que habíamos decidido que la revista, que para ser más precisos parecía más un boletín (de hecho así lo llamamos por un buen tiempo), fuera una “comunicación sobre comunicación, de comunicadores y para comunicadores” y a renglón seguido expresábamos como partida de nacimiento que “La intención que nos mueve y nos moverá en futuros análisis es exclusivamente constructiva y primordialmente creadora, sin olvidar por ello que frecuentemente una crítica severa y radical es, en este y en otros campos, necesaria condición de posibilidad de lo que, no existiendo, debería llegar a existir”. A pesar de las nuevas escenas y del nuevo paisaje, esa proclamación de fe de vida sigue estando presente, pero seguramente matizada por el viento de los tiempos y por los nuevos signos. La experiencia enseña y en sus enseñanzas nos vamos acoplando, sin renunciar a lo fundamental de nuestro nacimiento, pero con la mirada puesta en la necesaria evolución y los cambios y recambios, en los órdenes y desordenes, que da la travesía de treinta años.

Avanzaba el año 1975 y la comunicación, si bien no estaba en el centro del debate como hoy, ya se asomaba como fuente no sólo de poder económico, sino de poder en todos los demás órdenes de vida. En esos primeros años, que van desde el nacimiento de la revista hasta los inicios de la década de los ochenta, el pensamiento de la teoría crítica, por intermedio de las voces de Adorno, Horkheimer y Marcuse fundamentalmente, era la llave para desentrañar el estatuto social de los medios de comunicación y la clave para entender lo ideológico de los mensajes producidos y difundidos en gran escala por lo que ellos designaron con el concepto de industria cultural. Frankfurt sirvió para poner en evidencia la dimensión estructural de los media y su inserción en el capitalismo.

Comunicación, nuestra revista, puso sus páginas para divulgar investigaciones en esa trayectoria de trabajo y de reflexión. Desde allí se empezaron a desprender perspectivas de pensamiento que hacían de la comunicación el ingrediente requerido para una mejor condición de democracia y de modernización-desarrollo de los países de la región. Todos los debates sobre las políticas de comunicación, el papel de los estados en esa propuesta, el rol de los comunicadores y de los planificadores… se convirtieron en iniciativas, estudios, referencias y análisis a las cuales Comunicación se adhirió de manera militante y hasta de fervorosa utopía. La creencia en la necesaria democratización de las comunicaciones, que implica también democratizar el acceso y la participación en los medios, fue nuestro norte y lo sigue siendo a pesar de las derrotas de aquel entonces.

Ante los fracasos, y luego las renuncias, de aquellos planteamientos, no por lo que implicaban conceptualmente, sino por un fracaso de la política y de los “compromisos” de los estados, empezamos a mirar hacia la gente de manera más íntima, a ver como se comunicaban fuera de los canales oficializados y nos desprendimos hacia otra perspectiva que estaba allí, pero que no habíamos visto desde la academia, y fue la inspiración de la llamada comunicación alternativa al margen de cualquier forma de poder. La revista fue la primera que en este nuestro contexto empezó a indagar en esa dimensión-ruta, e inició las primeras tentativas de teorización sobre esa “nueva” comunicación que se estaba gestando. Empezamos a descubrir como esa “otra comunicación” era más horizontal, que en ocasiones ponía en aprieto a lo formal e institucionalizado, que se movía bajo otros parámetros estéticos y que trataba de hacer realidad el acceso y la participación en el medio. Aunque no abandonamos temáticas que estaban presentes con peso y determinación específica. Nos referimos a la cuestión transnacional vista desde la información que nos llegaba y también el tema de la tecnología (cuestión tecnológica) que aún no había alcanzado el actual proceso de convergencia entre telecomunicación, informática y los llamados “media tradicionales”. Así, esta publicación, que ahora sí es toda una revista, estuvo como testigo en esos momentos haciéndose eco de todos los debates y respetando la pluralidad, las diferencias y marcando las coincidencias. No podía ser de manera diferente, porque los que hoy conformamos el equipo de redacción y los que estuvieron por esos días lo asumimos y lo asumieron así. Es más, alguien del equipo llegó a decir en un momento que lo que caracteriza la convivencia dentro de la revista, medida religiosamente todas las semanas hasta que cada número sale a la calle, es la militancia en la pluralidad, en la diferencia y en las coincidencias. Algo así como un credo.

Esos años de los inicios, del crecimiento y del aprender a andar, nos sirvieron para ir entendiendo que la comunicación se implica con la socialidad del sujeto, que comunicación y cultura tienen mucho que ver aunque algunos digan que todo es comunicación. Nos enseñaron también que Frankfurt había asumido un relativismo cultural que nos ocultó algunas cosas, junto con las que nos ayudó a desentrañar. Desde los ochenta empezamos, así lo plasman las páginas de Comunicación , a entrar en connivencia con otros autores, con otros planteamientos y con otras sensibilidades. Fueron una especie de relevos en el trabajo intelectual que como dice la chilena Nelly Richard fue “una mezcla de azares y necesidades que terminó haciendo productivas varias referencias benjaminianas, pasando por las ‘combinaciones, las permutaciones, las utilizaciones’ de conceptos cuya pertinencia y validez ‘no son nunca interiores, sino que dependen de las conexiones con tal o cual exterior’”.

Así nos fuimos sorprendiendo nosotros mismos en las temáticas tratadas en la revista. Temáticas que empezaron a abordar desde la comunicación las prácticas y los discursos no sólo desde los medios, sino desde fuera de ellos, pero con ellos como elementos de cultura que son. Eso nos obligó, nos sigue obligando con más fuerza y como reto, a asomarnos a otras disciplinas en la que apenas somos unos iniciados o simplemente unos ignorantes. Hoy, estamos convencidos que las ciencias sociales, desde ese asomarse, se fueron enriqueciendo con los desafíos que les presentaba la comunicación al ver a los medios no sólo como mera “razón instrumental”, sino como parte constitutiva del tejido social: mundo de relaciones , vivencias, imaginarios, política, conocimiento,… De ahí que aquella carta de presentación del primer año de la revista ( “una comunicación sobre comunicación, de comunicadores y para comunicadores”) fuera desbordada por la realidad misma y por el entronque que en estos momentos tiene la comunicación con los demás ámbitos de la vida.

De tal modo que hemos arribado a treinta años. Digámoslo sin timideces: ¡lo logramos!. A todos mis compañeros de antes y de ahora, amigos todos, del equipo de la revista, aún a pesar de nuestras diferencias, está la complicidad tejida a través del tiempo. A ustedes quiero recordarles aquel espléndido poema de Serrat acerca de la vida y la utopía que han implicado llegar hasta acá con Comunicación: ¡Ay! Utopía,/ cabalgadura/ que nos vuelve gigantes en miniatura/ ¡Ay! Utopía,/ dulce como el pan nuestro/ de cada día…!Ay! Utopía,/ cómo te quiero/ porque les alborotas el gallinero./ ¡Ay! Utopía,/ que alumbras los candiles/ del nuevo día.

Porque Comunicación sigue siendo una utopía a seguir construyendo desde la pluralidad, las diferencias y las coincidencias.

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